MARCO HISTÓRICO DE LAS BIBLIOTECAS ESCOLARES
La idea de biblioteca pública ha estado presente desde los inicios de la historia de las bibliotecas, pero con un significado diferente.
El concepto de biblioteca pública corresponde a una apertura cada vez mayor en la admisión de los individuos para el uso y disfrute de los soportes de información. La necesidad de informar e informarse, ligada a fines educativos y culturales, sirvió para marcar los diferentes desarrollos estatales y regionales de las bibliotecas públicas.
Durante el Virreinato hubo en nuestro país tres bibliotecas que abrieron sus puertas a la sociedad ilustrada: la Biblioteca Palafoxiana de Puebla, la Turriana de la Catedral Metropolitana y la perteneciente a la Real y Pontificia Universi dad en la Ciudad de México.
La idea que se tenía de la biblioteca pública llegó a México con el obispo Juan de Palafox y Mendoza, en el siglo XVII.
Siglo XVII fue de grandes contrastes: por un lado hubo crisis e conómicas y sociales, mientras que en países como España se tuvieron momentos gloriosos en las letras nacionales con el Siglo de Oro, en donde no faltó un Cervantes, un Lope de Vega, un Calderón de la Barca o un Quevedo; Inglaterra vio florecer a William Shakespeare, y en Francia sobresalían Molière, Racine y Corneille.
En este siglo también ocurren significativos acontecimientos en el medio bibliotecario, puesto que aparecen las primeras bibliotecas públicas de la época; además, se enriquecen y modernizan las bibliotecas universitarias y cambian sus instalaciones
Los libros ya no están encadenados a los estantes, sino que a éstos se les pone tela metálica para evitar robos y se agrupan de acuerdo con el tema que tratan.
En los estados de Jalisco, Durango, Michoacán, Zacatecas, México, Aguascalientes y San Luis Potosí, las bibliotecas públicas estatales recibieron colecciones que pertenecieron a los seminarios, colegios y conventos de la Colonia, que contenían valiosos impresos novohispanos y libros europeos de los siglos XV a XVIII.
Durante los 30 años de gobierno de Porfirio Díaz se impulsó el establecimiento de bibliotecas como apoyo a la educación. Hacia fines de ese siglo, Manuel Cruzado registró 60 bibliotecas públicas en todo el país; de esas, 17 estaba n en la ciudad de México, muchas abrían los sábados y domingos y atendían a un buen número de usuarios; sin embargo, era una élite la que se beneficiaba de esos servicios bibliotecarios, dado el grado de analfabetismo que prevalecía en la mayoría del pueblo.
En el siglo XX encontramos dos acontecimientos memorables que marcaron el ser de las bibliotecas públicas en nuestro país.
La política bibliotecaria de José Vasconcelos, el "gran soñador", en 1921; y El Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, iniciado en 1983
La importancia que tuvieron las bibliotecas públicas para Vasconcelos se refleja en el número de ellas que se tenían al 31 de diciembre de 1923: un total de 929, con 106,081 libros. Si comparamos con estadísticas recientes, veremos que este número corresponde al total de bibliotecas públicas que coordinaba la Dirección General de Bibliotecas en 1985, dos años después de que se lanzara el Programa Nacional de Bibliotecas Públicas, aún vigente. Para 1924, al final de su gestión, Vasconcelos dejó instaladas 2,426 bibliotecas públicasLa influencia vasconceliana vuelve a aparecer en octubre de 1946, cuando se inaugura, con la presencia del presidente de la República, la Biblioteca de México.
Es importante señalar que como parte del Programa se realizaron y publicaron investigaciones de diversa índole: sobre la historia de las bibliotecas públicas en general y por estado, sobre la conducta lectora de los usuarios, sobre la conducta de búsqueda de información, sobre afluencia de usuarios a las bibliotecas, sobre colecciones especiales y sobre normatividad.
Desafortunadamente, también se debe señalar que el Programa ha tenido varias deficiencias y entre ellas destaca el problema de los recursos humanos. No puede haber biblioteca sin bibliotecario, lo cual quedó muy claro desde el arranque del Programa, para lo cual se impulsó un importante subprograma de capacitación y talleres.
La biblioteca pública busca rectificar las desigualdades sociales. Es mediadora y facilitadora de lectura por gusto, y busca crear y difundir una lectura de calidad como medio insuperable para el aprendizaje, la información y el mejoramiento social.
Para que la biblioteca pública pueda cumplir con su importante misión, debe llevar a cabo las siguientes funciones: funciones informativas, que garanticen a la población que se atiende el acceso a la información que satisfaga sus intereses y necesidades y que además garanticen la difusión de la información producida por la comunidad; funciones de apoyo a la educación, que garanticen el acceso de la población a aquella información que satisfaga sus necesidades en sistemas formales o informales de educación; funciones de promoción cultural tendientes a promover el rescate, comprensión, difusión y defensa de la cultura; funciones de promoción social, que contribuyan a la participación cívica de la población en la vida nacional; y funciones de promoción de la lectura, que contribuyan a la formación de lectores críticos y selectivos.
La biblioteca pública, para ser indispensable a sus usuarios debe contemplar y desarrollar sus factores componentes: colecciones, personal, actividades de fomento a la lectura, adelantos tecnológicos y servicios ofertados a usuarios.
En la medida en que esta biblioteca se abra a los diferentes segmentos de la comunidad, en respuesta al conocimiento que tenga de ella, su imagen se fortalecerá, será un centro de información con actividad cultural, que podrá competir con creces con las librerías, la televisión, los videos, la Internet, con esta última sobre todo por la competencia que ha impulsado la promesa de una panacea: que con las redes se obtiene todo tipo de información.
Ante el abanico de recursos documentales y de alternativas de servicios, las bibliotecas públicas deben buscar integrar la tecnología con aquellos documentos en formatos tradicionales, para lo que se requiere definir prioridades sobre la disponibilidad de recursos, la segmentación de los grupos a atender, etc.
La biblioteca pública debe ser oferente de una cultura democrática, que facilite acceso libre y equitativo a la información para la comunidad, con el fin de apoyar el desarrollo personal y el aprendizaje individual, así como lograr usuarios autosuficientes en la búsqueda de información, que les sea necesaria para desempeñarse mejor como ciudadanos.



No hay comentarios:
Publicar un comentario